En una taza de agua tibia, combine la levadura y la miel. Revuelva y deje reposar de 5 a 10 minutos hasta que aparezcan burbujas (espuma) en la superficie.
Mezcle los ingredientes secos:
En un tazón grande, combine la harina integral y la sal.
Amasado:
Agregue la mezcla de levadura y el aceite de oliva a la harina. Comience a amasar a mano o con una batidora eléctrica. Añade gradualmente el agua restante hasta obtener una masa suave y ligeramente pegajosa (la harina integral requiere más líquido que la harina blanca). Consejo: Continúa amasando durante al menos 7-10 minutos hasta que la masa se vuelva elástica.
Primer levado: Engrasa ligeramente un bol con aceite, coloca la masa en él y cúbrelo con un paño tibio. Déjala reposar en un lugar cálido de 1 a 1,5 horas hasta que doble su tamaño.
Formado: Desinfle la masa y divídela en bolitas (para panes pequeños) o colócalas en un molde para pan engrasado. Puedes espolvorear un poco de avena o agua por encima.
Segundo levado: Cubre la masa de nuevo y déjala reposar de 20 a 30 minutos.
Horneado: Precalienta el horno a 200 °C (390 °F). Hornea de 15 a 25 minutos (según el tamaño) hasta que esté bien cocida y dorada por arriba y por abajo.
El secreto del éxito (para pan blando): En cuanto el pan salga del horno, cúbralo inmediatamente con un paño limpio; esto atrapa el vapor y mantiene la corteza suave, no dura. No añada más harina si la masa está un poco pegajosa; la harina de trigo absorbe líquidos con el tiempo.
